30.5.09

Todo lo que ocurre y siento está en mi cabeza, dentro de mi cabeza.
Lo haría palabras, pero ni aunque estas lloviesen desde el cielo directo hacía mí,
me serían de ayuda: princesas vestidas con palabras de color rosado; dragones dibujados con palabras malas; castillos construidos con y sobre palabras desgarradoras, de esas que suenan muy fuerte aunque las digas en un susurro.
¿No son acaso todas las palabras existentes capaces de llevar a cabo esas acciones: no tener miedo, estabilizar el alma, hacernos volar, crecer, creer, soñar?

Todo está dentro, muy dentro. No puedo volcarlo en textos; es como si aquel mundo debiera ser previamente pintado con algún color que todavía no fué inventado.

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